No debe de causar sorpresa el hecho de que la mayoría de los jabones que se encuentran en las tiendas contienen grandes cantidades de químicos que muchos de nosotros no conocemos ni tenemos idea que existen.
El problema de esto no está precisamente en el contacto externo directo del químico en la piel, el problema va mucho más lejos que eso, y lo peor del caso es que siempre regresa a nosotros. El 'ciclo de los químicos del jabón' comienza con su producción, que muchas veces conlleva el uso de derivados de petróleo en su elaboración y otros químicos que aunque no sean tóxicos cuando se utilizan externamente, sí lo son porque impactan negativamente a los ecosistemas.
Muchos de ellos no se degradan fácilmente, viajan y percolan hasta llegar al mar, ya sea por desbordamientos de plantas de tratamiento o porque simplemente siempre encuentran su paso a través de cuerpos de agua, como los ríos y quebradas. Otras veces van directamente al pluvial, como cuando se lava el carro en la calle o en la marquesina. Y es que estos químicos, lejos de degradarse para no volver, se hacen parte del habitat de nuestros humedales y mares.
En un habitat que ofrece lo que constitutye el 70% de nuestra base alimentaria, directa o indirectamente, los mares contienen todas las escalas de la cadena alimentaria, desde un micro-plancton, hasta las ballenas que al igual que nosotros, no tienen depredador y son nuestro mejor barómetro para probar el daño. Y dentro de toda esta cadena, los químicos que usamos, se van concentrando en todos y cada uno de los eslabones, una y otra vez, hasta alcanzar concentraciones alarmantes. Para bien o para mal. dentro de esta cadena, nosotros constituímos el último eslabón, aquel donde todo llega a mayor concentración, incluyendo todos estos químicos.
Es ahí donde está el problema de los jabones convencionales. Aparte de degradar el ambiente, los químicos terminan siendo ingeridos por nosotros auque no queramos y en concentraciones cada vez mayores. Si crees que los jabones que utilizas son meramente de uso externo, repiensa, analiza todo el ciclo, y aunque te sorprendas, reconoce que algo de ellos terminará concentrandose en tu cuerpo.
Afortunadamente existen alternativas que son mucho más saludables para nuestros ecosistemas y para nuestra piel. Los jabones orgánicos o jabones de base de aceites son producidos sin plaguicidas, herbicidas tóxicos, fertilizantes químicos y otros compuestos derivados del petróleo (tintes sintéticos, fragancias no naturales, preservativos). Aparte, estos jabones son menos abrasivos para las pieles delicadas y hasta pueden tratar y prevenir ciertos tipos de alergias.
Generalmente estos jabones no son probados en animales; otra buena razón para utilizarlos. Y finalmente, existen cientos de recetas en internet para hacer jabones orgánicos en casa, y aunque pueda resultar difícil encontrar ingredientes, o por otro lado que no sea costo-eficiente el hacerlo, siempre hay buenas razones para aventurarse a tratarlo. Quién sabe, quizás se convierte en un hobby o hasta en una vocación.
Estos son sólo algunos ingredientes que se pueden encontrar en los jabones orgánicos:
Sábila
Avena sativa
Menta piperina
Canela
Leche de cabra
Miel
'Shea butter'
Aceite de 'Tea Tree'
Aceite de oliva
Sal de mar
Aceites esenciales
Aceite de semilla de girasol
Aceite de pétalo de girasol
La piel nuestro cuerpo y la higiene son importantes, pero nuestro ambiente y salud en general también lo son. El uso de jabones orgánicos no solo implica todo esto antes mencionado, sino también implica escencialmente la reducción de tóxicos químicos que liberamos sin percatarnos a nuestro entorno natural vivo.
La próxima vez que vayas a comprar jabón, piensa en tu piel, en el ambiente y en nuestra salud, y decide por lo natural orgánico...